domingo, 13 de julio de 2014

Osado e Insolente

Osado e Insolente


Se atrevieron a invitarla a por un café,
en uno de esos sitios que huelen a madera y canela
a pasar el rato mientras atardecía,
mientras las nubes se tornaban naranjas en el ocaso.

Le habían dicho que era bella,
sosteniendo una de sus huesudas manos congeladas.
Pero ella no lo creía,
lo tomó como una ofensa, como una afrenta, un  insulto.

Le habían dicho una mentira en la cara,
Un higo de un olmo.
¿Bonita?, ¿Ella?
Si llevaba siempre el cabello alborotado.
No le quedaban esos vestidos ceñidos al torso.
Nadie envidiaba su forma de hablar.
Tal vez su manera de pensar...
Pero eso no adecuaba.

Pretendió no haber atendido nada de lo que el tipo dijo.
¿Realmente era más especial que las demás?
¡Bah!, Totalmente una broma de mal gusto.
Una mosca nadando en la leche.
Asqueroso.
Irritante.

Los hombres siempre redundan sus arengas
y esa era la veinteava vez que escuchaba similares palabras.
Linda, única, preciosa y no quería recordar más porque se le revolvía el estómago.
Empezaba a enfadarse.

Porque si dependiese de ella, iría por el mundo con atuendos antiguos.
A  lugares tranquilos.
A leer un buen libro.
¿Acaso no sabían cómo dejarla en paz?

¡Jódase buen hombre!, le dijo
Agarró su bolso tejido.
Se puso su abrigo.
Y lo dejó con su café hervido.

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