domingo, 13 de julio de 2014

Reacción tardía

Reacción tardía


Iba a hablarte sobre mis muñecas y riñas de la escuela
pero te veías tan ensimismado en el juego de las barajas
que mejor prefería admirarte desde el otro lado de la mesita.

Con los codos sosteniendo mis manos
con mis manos que sostenían mi cara
con mi cara ahumada por el cigarrillo.

Un as de corazones y una K de diamantes
pasaba una hora o tal vez dos
tu vestir elegante, tu silueta y tus cabellos de algodón.
¿Cómo iba a cansarme de admirarlos?

El tiempo te había hecho fuerte y las experiencias más sabio.
Yo había recorrido mi camino siete años
y tu camino no soportaría muchos pasos más.
Por eso ya no andabas a menudo
y ya no ibas a la misa del domingo.

Sólo juntabas las palmas con un sanjuanito.
Sólo escuchabas el pasillo.
Tus dedos agrietados ya no rasgaban la guitarra,
por eso la música sonaba desde el tocadiscos,
esa música que ahora conmemora tu ausencia.

Esa ausencia que no penaba cuando partiste después de confundirme con una loca
dolió cuando mi camino se puso empinado.
Y seguramente fue egoísta no llorarte cuando todos lo hacían.

Pero siempre fui extraña,
mis sentimientos y yo jamás llegamos a entendernos,
por eso han llegado de pasada para devolverme tu recuerdo.

Cuando saben que ya sobre la vida algo entiendo.
Cuando saben que estas letras ya son algo obsoleto.


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