Reacción tardía
Iba a hablarte sobre mis muñecas y riñas de la escuela
pero te veías tan
ensimismado en el juego de las barajas
que mejor prefería
admirarte desde el otro lado de la mesita.
Con los codos
sosteniendo mis manos
con mis manos que
sostenían mi cara
con mi cara ahumada
por el cigarrillo.
Un as de corazones y
una K de diamantes
pasaba una hora o tal
vez dos
tu vestir elegante,
tu silueta y tus cabellos de algodón.
¿Cómo iba a cansarme
de admirarlos?
El tiempo te había
hecho fuerte y las experiencias más sabio.
Yo había recorrido mi
camino siete años
y tu camino no
soportaría muchos pasos más.
Por eso ya no andabas
a menudo
y ya no ibas a la misa del domingo.
Sólo juntabas las
palmas con un sanjuanito.
Sólo escuchabas el
pasillo.
Tus dedos agrietados
ya no rasgaban la guitarra,
por eso la música
sonaba desde el tocadiscos,
esa música que ahora conmemora
tu ausencia.
Esa ausencia que no penaba
cuando partiste después de confundirme con una loca
dolió cuando mi
camino se puso empinado.
Y seguramente fue
egoísta no llorarte cuando todos lo hacían.
Pero siempre fui
extraña,
mis sentimientos y yo
jamás llegamos a entendernos,
por eso han llegado
de pasada para devolverme tu recuerdo.
Cuando saben que ya
sobre la vida algo entiendo.
Cuando saben que
estas letras ya son algo obsoleto.
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